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Tumbas sin nombre: CSI... en Bélmez
Gerardo García-TríoPublicado originalmente en: http://bajoelvolcan.blogspot.com/
Entonces llamamos al forense, que
ni era médico ni nada:
tenía un Ford y le llamábamos “el Forense”.
Miguel Gila, (1919-2001); humorista español.
Tumbas
sin nombre no es un libro más sobre las caras de Bélmez. Los autores,
Íker Jiménez y
Luis Mariano Fernández (malas lenguas dicen que Jiménez ha puesto
poco más que la firma en la portada), se han fijado un objetivo más ambicioso
que escribir la enésima recopilación de anécdotas sobre el agotado “enigma”
de las caras. Han llevado a cabo una investigación que pretende aportar
datos espectaculares: la identidad de las famosas “teleplastias”. Las
conclusiones, como se verá en este artículo, son absolutamente inaceptables.
La aventura del nuestros “reporteros
de misterios” arranca en 2003 con la “pista” que surge en Bélmez de la
Moraleda, donde el hipnotizador televisivo Ricard Bru somete a la vidente
Ana Castillo a una especie de regresión hipnótica “por poderes”. La médium
dice “revivir” hechos de la vida de María Gómez Cámara (la famosa dueña
de la casa de las caras de Bélmez), y sus “visiones” de muerte se identifican
con la matanza real de familiares de María en el asedio del Santuario
de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil española (en la revista
Estigia tenemos esta misma historia). Sobre estos intragables
indicios paranormales, los autores inician una investigación que acaba
con la identificación de las caras de Bélmez con los parientes de María
muertos en el asedio. Para reforzar estas conclusiones, antiguas fotografías
y las “teleplastias” son contrastadas, con éxito aparente, mediante software
forense y policial de identificación y bajo el supuesto asesoramiento
de un experto de la policía científica.
En
fin, asombroso y delirante, como siempre en este tipo de publicaciones.
Desde luego, aburre ya la insistencia de ciertos “misteriólogos” en desoír
a estas alturas las incontables evidencias a favor del fraude en las caras
de Bélmez, pero el lector agradece por lo menos la novedad (para el que
quiera acercarse a una información seria y crítica sobre este falso misterio,
recomiendo el
número especial de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
y, sobre todo, el
completísimo dossier de Bitácora Internacional).
En este artículo dejaré de lado la
supuesta investigación y me centraré en la que es sin duda la prueba estrella
de Tumbas sin nombre: los análisis informáticos.
Veremos por qué tales contrastes son absurdos sobre las imágenes de las
caras, por qué además han sido realizados deficientemente, y por qué los
resultados (y posiblemente los autores del libro) se ven comprometidos
aún más por algunas irregularidades graves que apuntan al fraude. Para
ello cuento con la amable colaboración de un médico forense en activo
y con la información que me han proporcionado José Manuel García Bautista,
elaborador de los análisis informáticos de Tumbas sin nombre,
y Salvador Ortega Mallén, el policía científico que colaboró en la obra.
Un poco de ciencia forense
En
Tumbas sin nombre se nos presentan unos estudios espectaculares,
se nos intenta impresionar con palabras como “asesoramiento forense”,
“análisis faciales”, “robotización de imágenes” y programas informáticos
como Confront GB, Facette, M/Gi o Shoock, empleados por Scotland Yard
y la policía científica española, italiana y alemana…; pero, tras la apabullante
cortina de humo, ¿de qué nos están hablando en realidad? Sencillamente,
de identificaciones forenses. Empecemos pues con algo
de teoría.
Una de las primeras tareas de la policía
científica al hallar un cadáver es la de establecer su identidad. Si a
la víctima la pueden reconocer familiares o conocidos, ha muerto en su
propia casa o conserva sus documentos personales, el trabajo es sencillo.
Sin embargo, en ocasiones, el cuerpo puede aparecer muy desfigurado, escondido
y en avanzado estado de descomposición y, si se trata de un crimen, puede
que se haya intentado entorpecer la identificación.
Los restos mortales siempre se examinan
en busca de indicios que puedan ayudar a establecer la identidad: desgastes
de la ropa que puedan desvelar un oficio, enfermedades como úlceras de
estómago o piedras renales, malformaciones, marcas de nacimiento, señales
como tatuajes, callos o cicatrices tienen una gran importancia. Cuando
no queda más que un esqueleto o unos pocos huesos, los antropólogos forenses
pueden también deducir con mucha exactitud información de la víctima como
la causa de su muerte, su sexo, altura, edad o incluso datos como su oficio
o su nivel económico.
Todas
las líneas de investigación son agotadas hasta encontrar una posible identidad.
La confirmación requiere entonces someter los restos mortales a pruebas
científicas. Los análisis de ADN han facilitado esta tarea en la actualidad
y la han dotado de una exactitud casi absoluta, pero otras técnicas tradicionales
no son menos fiables y se siguen empleando en las investigaciones actuales.
Una forma frecuente de identificación (la que se pretende emplear en Tumbas
sin nombre) consiste en la comparación del cadáver con fotografías
de la persona en vida. Los forenses tratan de conseguir un buen retrato
de la presunta víctima que muestre, a ser posible, elementos que permitan
una comparación precisa, como los dientes o las orejas. Los restos
mortales se fotografían entonces desde el mismo ángulo exacto en que fue
tomada la imagen en vida y, mediante una sobreimpresión, las dos fotografías
se cotejan en busca de coincidencias. Las orejas, los dientes,
los arcos superciliares, las protuberancias de los huesos frontal, nasales,
cigomáticos, el maxilar inferior… son puntos básicos de la
cabeza que los médicos y antropólogos forenses cotejan para establecer
una identificación científica.
Un ejemplo clásico: la identificación de Isabella Ruxton
En
1935, Inglaterra vivió el macabro “crimen de los cuerpos bajo el puente”,
un caso que acabó siendo un paradigma de este tipo de comparaciones fotográficas
forenses. La mañana del 29 de septiembre, en Escocia, una joven halló
bajo un puente los restos de dos seres humanos descuartizados, mutilados
y en avanzado estado de descomposición. El asesino, que parecía tener
conocimientos forenses, había intentado impedir la identificación de los
cuerpos arrancándoles las yemas de los dedos, las orejas, los ojos, los
labios y la piel de las cabezas. Sin embargo, los expertos anatomistas
consultados por la policía determinaron sin problemas que se trataba de
los cadáveres de dos mujeres de 21 y 35 años aproximadamente. Los periódicos
que envolvían los restos resultaron ser de una tirada local de Lancaster,
Inglaterra, y pronto se identificó a un sospechoso de la zona: el doctor
Buck Ruxton había denunciado la desaparición de su asistenta; su esposa,
Isabella Ruxton, estaba también en paradero desconocido. Al registrar
el domicilio familiar se encontraron restos de sangre y grasa humanas,
pero las pruebas que condenaron a la horca a Buck Ruxton fueron las identificaciones
de las dos mujeres que realizaron James Couper Brash, del Departamento
de Anatomía de la Universidad de Edimburgo, y John Glaister Jr., profesor
de Medicina Forense en Glasgow. La que a nosotros nos interesa fue la
de la Sra. Ruxton: a pesar de haber sido desfigurada arrancándole la nariz
y los dientes, su fotografía sobreimpresa sobre uno de los cráneos coincidió
con tal exactitud que no dejó lugar para la duda (clic
aquí para una fotografía ampliada).
Los análisis de Tumbas sin nombre
En un experimento pionero coordinado por José Manuel G. Bautista y Rafael Cabello, utilizando avanzados programas informáticos policiales y con el asesoramiento de Salvador Ortega Mallén, fundador de la Policía Científica Española, se han obtenido pruebas sorprendentes. ¿Son las Caras el reflejo de aquella familia muerta trágicamente? Ésta es solo una muestra.
(Texto e imagen promocionales de Tumbas sin nombre)
No
nos dejemos impresionar; aplicaciones informáticas como las que se mencionan
en Tumbas sin nombre (y soluciones comerciales más normales como
Photoshop) son herramientas que facilitan a los profesionales forenses
el manejo de las imágenes: con la fotografía tradicional, conseguir una
comparación que reuniese los parámetros adecuados era un trabajo más complicado
y costoso que con los medios digitales actuales; pero un programa no hace
milagros ni puede obtener resultados de la nada. Como es evidente, las
caras de Bélmez no pueden proporcionar información para una identificación
mínimamente rigurosa (no digamos ya científica), una sobreimpresión exitosa
es inviable y los puntos faciales necesarios para una identificación no
existen. No hay nada que hacer en este sentido.
Las comparaciones entre fotografías
y “teleplastias” se hicieron sobre cejas, boca, óvalo de la cara, distancias
entre ojos o fosas nasales y parámetros semejantes, cuando estos existían
(Tumbas sin nombre, 113-133); solo por esto ya se puede afirmar
que los análisis no tienen ni de lejos la fiabilidad de una identificación
forense. Son absurdas afirmaciones alegres como “las coincidencias y paralelismos
dan un nivel de concordancia de un 68.3 por 100 en modo forzado, lo cual
nos indica algo más que el simple azar o el capricho del mismo en la formación
del conjunto de Bélmez” (p. 113). Tales conclusiones son en verdad sorprendentes
cuando las imágenes ni siquiera resultan parecidas a simple vista; y no
está de más recordar aquí que María Gómez Cámara siempre negó que las
caras fuesen de sus familiares.
Las
objeciones a las pruebas se multiplican al conocer la información que
me proporciona el realizador de los análisis, con quien tuve la suerte
y el placer de coincidir como colaborador en la revista de internet
AOL2002.
Jose Manuel García Bautista es un investigador conocido en el mundillo
del misterio, profesional de la informática y la electrónica, antiguo
administrador del sitio Ikerjimenez.com y corresponsal del programa
de radio de la cadena SER
Milenio 3, dirigido por Íker Jiménez, uno de los autores de
Tumbas sin nombre.
Bautista, que junto a Cabello no ha
visto ni un euro por su colaboración en el libro (haciendo amigos, Íker),
opina que las conclusiones sobre las “teleplastias” son “muy relativas”
debido a la poca calidad de las imágenes analizadas. Afirma que no pudo
controlar las pruebas al no tener acceso a las fotografías originales,
ya que se las entregaron digitalizadas, y que la mayoría de los análisis
tuvieron “resultados catastróficos” que han sido omitidos. Aclara que
nunca fue asesorado policialmente, como se afirma en la promoción del
libro; en realidad únicamente recibió copias de los programas, algunos
sin manual de empleo, e incluso tuvo que arreglárselas solo para aprender
a utilizarlos. Además, me explica que el software de identificación
fue usado en “modo forzado”, que arroja resultados positivos
donde no lo hace una identificación normal e implica rotar y alterar las
dimensiones de las imágenes para ajustarlas en su destino.
Con
el “modo forzado” el proceso se vuelve tan subjetivo que es sencillo conseguir
un éxito aparente. Yo mismo, empleando el programa de manipulación fotográfica
Corel Photo-Paint, he podido conseguir coincidencias entre una de las
“teleplastias” llamada El Abuelo y una fotografía de Charles
Darwin. Para lograr la “Darwinplastia” no necesité nada más que un leve
ajuste de la anchura (y al realizarlo ya en la fotografía original, la
modificación ni siquiera se advierte).
Bautista es también el autor de otras
comparaciones ajenas a Tumbas sin nombre y publicadas en la
revista
Año Cero en diciembre de 2004; un intento de dar credibilidad
al “descubrimiento” de octubre de la Sociedad Española de Investigaciones
Parapsicológicas (S.E.I.P.): unas nuevas caras de Bélmez bajo
acusaciones de fraude. El método seguido por Bautista fue el mismo
salvo por un nuevo programa privado añadido a los anteriores y que, en
prevención de posibles manipulaciones, prefirió obtener sus propias fotografías
de las “teleplastias”.
De
los análisis, que Bautista confiesa de nuevo “desastrosos” en general,
solo se publicaron los que tuvieron “éxito” sobre una foto carné y que
supuestamente identifican a la difunta María Gómez Cámara con una de las
“caras”. Evidentemente, podemos darles la misma credibilidad forense que
a los de Tumbas sin nombre: ninguna (otra demostración de su
subjetividad en
Adimensional).
¿Qué tiene que decir sobre todo esto
el policía científico consultado en Tumbas sin nombre? Pues antes
de nada, corregir a los autores, ya que han exagerado notablemente su
currículum (p. 101). En la conversación telefónica que mantuvimos, Salvador
Ortega Mallén se apresuró a proporcionarme los datos exactos: no es “fundador
de la Policía Científica española”, sino uno de los primeros en aplicar
métodos policiales modernos en España; no fue “director del grupo de Homicidios
de Sevilla y Barcelona”, sino que puso en marcha el grupo de Homicidios
en Andalucía; y no es “diplomado en psiquiatría forense”, título que no
existe, sino diplomado en criminalística: una figura dentro de la policía
preparada para entender los estudios de un científico y aplicar algunos
procedimientos, pero no un forense.
Salvador Ortega, conocido en los programas
de “misterios”, un invitado habitual de Íker Jiménez en Milenio 3
o de
Javier Sierra en su
espacio televisivo en Telemadrid, confirmó que no hubo asesoramiento
técnico por su parte: “a los otros analistas ni los conocía, lo único
que hice fue revisar las técnicas que ellos habían hecho”. Durante nuestra
conversación me dejó realmente desconcertado con afirmaciones de sus creencias
como “las ‘telekinesias’ existen” o dando crédito a la “regresión hipnótica”
relatada en la primera parte del libro (pp. 15-22) y que él definió como
“hipnosis controlada a una médium”. Quizás se entiende mejor ahora por
qué, aunque no llega a compartir las explicaciones sobrenaturales de los
autores, Ortega avala totalmente los resultados de las pruebas. Incluso
realizó sus propios análisis sobre las fotos con resultados parecidos.
La opinión del forense
Para este artículo quise contar con el asesoramiento de algún profesional
forense. Lamentablemente, aunque conseguí la ayuda, no puedo citar mis
fuentes debido a sus normas profesionales y, por qué no decirlo, a lo
ridículo de un asunto en el que no quieren verse mezclados. Mi primer
intento fue con el doctor especialista en identificaciones del departamento
de medicina legal de una facultad de medicina de una universidad de cuyo
nombre no debo acordarme, que nada más oír la palabra “paranormal”, y
a pesar de explicarle mis intenciones críticas, me indicó que no podía
ayudarme ni siquiera anónimamente: la credibilidad de su equipo en los
juzgados depende tanto de las pruebas científicas como del prestigio personal.
De todas formas, me encaminó hacia un médico forense de los juzgados que
sí fue tan amable de resolver mis dudas y contestar a mis preguntas; aunque
tampoco me está permitido dar su nombre, ya que tienen como norma profesional
no implicarse en nada ajeno a los tribunales.
Su
opinión fue tajante: “el programa informático solo es una herramienta
que facilita los análisis, pero siempre sobre bases científicas. Los rasgos
analizados, como la distancia entre ojos, boca y nariz, etc., son valores
subjetivos —y que están manipulados por el “modo forzado”, añado
yo— que no son una base válida, como sí lo serían por ejemplo
los dientes. Si es cierto que algún programa da esos resultados sobre
tal material, o ha sido mal empleado o dudaría de la fiabilidad del programa”.
Y concluye: “esto es muy fácil de hacer, solo hay que tener caradura y
muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y
lo adorna con un poco de pseudociencia”.
Lo extraño es que el policía Salvador
Ortega Mallén no opine lo mismo que nuestro médico forense. Mallén parece
no saber distinguir una identificación absurda de una válida a pesar de
que en Tumbas sin nombre describe métodos empleados en su trabajo
que parecen correctos: “Las orejas son claves. Nos dan una gran cantidad
de información completamente individualizada. […] Hicimos fotografías
con el mismo focal, medida, distancia y encuadre para superponerlas a
las del cráneo sobre el niño. Así se actúa.” (pp. 104-107). Por qué Salvador
Ortega olvida este rigor a la hora de juzgar comparaciones hechas sobre
un material inadmisible como las imágenes de Bélmez, no lo puedo explicar
(el médico forense no dudó en diagnosticarle un “delirio inducido”).
Una foto con trampa
En
el informe de los análisis de Tumbas sin nombre, se emplean estas
palabras acerca de la comparación entre la “teleplastia” llamada La
Pava y el Guardia Civil de la fotografía: “La imagen clasificada
como ‘Padre’ (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias
guarden con la imagen fotográfica relacionada. […] El bigote también presenta
una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior
es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente
este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas”
(pp. 116-119).
¡Por
supuesto que se parece, ha sido modificada para que así sea! En la página
47 del libro podemos ver la fotografía original de Miguel Chamorro con
su familia, antes de este extraño proceso de “restauración”. ¿A quién
se le fue la mano? José Manuel García Bautista afirma que no llegó a conocer
este original, ya que él y Cabello recibieron directamente de
Íker Jiménez, quien coordinaba todo desde Madrid, la versión alterada
entre las demás imágenes digitalizadas (no sería la única vez
que Jiménez es relacionado con
falsificaciones fotográficas,
engaños o
periodismo deshonesto). Salvador Ortega Mallén declara que no supo
de la existencia de esta imagen hasta la publicación del libro: "eso
no lo hice yo". De hecho, podemos leer que él analizó en compañía
de Íker Jiménez y Luis Mariano Fernández la imagen de Chamorro sin manipular:
“sin tricornio y en la época del santuario podríamos ajustarnos más…,
y sabemos que su edad en el santuario era ya de cuarenta y ocho
años, con efigie redondeada por la edad y sin fijador en los bigotes.
Reuniendo y modificando esos parámetros probablemente veríamos una conformación
muy similar.” (p. 107). Estas palabras debieron de excitar mucho
la imaginación de alguien.
El
asunto podría tener alguna justificación si se hubiese advertido en el
libro de que la imagen ha sido retocada para ajustarse a un posible aspecto
envejecido y desaseado de Chamorro en el asedio del santuario; aunque
sería todavía una pobre excusa para esa inverosímil boca de buzón tan
“paviana”, además de hacer incomprensible que no se usase la fotografía
de Chamorro, ya mayor, publicada en una ficha en la página 52. Lo que
es intolerable es que se venda al lector este trucaje como el mayor “éxito”
de los análisis. Que las dos fotografías son la misma queda claro en la
superposición animada que he realizado: la parte superior de ambas imágenes
coincide a la perfección.

Y que conste que mi fiel Corel Photo-Paint
no tiene “modo forzado”.
Bibliografía:
-Jiménez Elízari, Íker y Fernández Pimental, Luis Mariano. 2003. Tumbas sin nombre. Madrid: Editorial Edaf, S.A. (2004, 2ª ed. ampl. y rev., 1ª imp. “Con las nuevas caras de Bélmez y las últimas investigaciones sobre el fenómeno”)
-Maples, William R. y Browning, Michael. 2001. Los muertos también hablan. Memorias de un antropólogo forense. Barcelona: Alba Editorial, S.L. (2003, 3ª ed.)
-Owen, David. 2000. 40 casos criminales y cómo consiguieron resolverse. China: Editorial Taschen.
Enlaces:
-http://www.archiveshub.ac.uk/news/03102102.html
-http://www.fmap.archives.gla.ac.uk/Case%20Files/Ruxton/Case_File9.htm
-http://www.nytimes.com/books/first/g/goff-fly.html
-http://www.richard.clark32.btinternet.co.uk/strangeway.html
-http://www.manchester2002-uk.com/celebs/murderers-manchester.html
-http://www.iqb.es/
-http://www.elmundo.es/elmundo/2004/11/28/sociedad/1101615058.html
-http://www.adimensional.info/archivo.php?articulo=31
-http://www.ikerjimenez.com/Tienda%20Virtual/tumbas_sin_nombre.htm
-http://www.luismarianofernandez.com/sinopsis.html
-http://www.luismarianofernandez.com/tmbsinnomb.htm
-http://www.luismarianofernandez.com/Resenia.html
-http://www.comentariosdelibros.com/come2003-1/book0094-2003.htm
-http://www.luismarianofernandez.com/TumbasEntrevistaLuisMariano.html
-http://www.comentariosdelibros.com/entrevarchiv/ikerjim2.htm
-http://members.tripod.com/~Juper/enterrados.html
-http://www.javiersierra.com/pgm6.php
-http://www.akasico.wanadoo.es/akasico/html/carticulos/69774_1.html
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