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PRIMERA
PARTE
Al igual que los libros poéticos y sapienciales, también tus libros de
los profetas son en su mayor parte compilaciones en las que se reúnen datos de
muy diferentes fuentes: relatos autobiográficos de los profetas, oráculos que
tienen su origen en la tradición hebraica, historias sobre los profetas hechas
por contemporáneos y por autores más recientes e interpolaciones de los
herederos espirituales de tus profetas, compilados a menudo sin tener en cuenta
el orden cronológico, todo lo cual hace a menudo muy difícil la datación
exacta de las diferentes partes de estos libros, tanto más cuanto que en muchos
casos tampoco hay un orden sistemático en la totalidad.
Sentimientos fuertes, amor hacia
Israel, angustia por las faltas de Israel y la fuerza de sus enemigos, la fuerte
voluntad de hacer reconocer a Israel sus faltas y los grandes peligros que esas
faltas entrañan, en primer lugar para el vínculo de amor entre Dios e Israel,
surgen por todas partes en estos libros. Y uno de los ejemplos más lacerantes
de esas profundas preocupaciones, y a la vez también del coraje con que todo
ello está expuesto, es el primer capítulo del primer libro profético, el de
Isaías:
«Visión que Isaías, hijo de Amós,
vio acerca de Judá y Jerusalén en los días de Ozías, Joatam, Ajaz y Ezequías,
reyes de Judá. ""Oíd, cielos; escucha, tierra, porque habla Yahvé.
Hijos he criado y engrandecido y ellos se rebelaron contra mí.
»El
buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su señor, pero Israel no conoce,
mi pueblo no comprende.
»¡Ay
de la nación pecadora, del pueblo cargado de iniquidad, de la raza de los
malhechores, de los hijos desnaturalizados! Abandonaron a Yahvé, despreciaron
al santo de Israel, le han vuelto las espaldas.
»¿Dónde
queréis todavía ser heridos, vosotros los que continuáis aún la rebelión?
Toda la cabeza está enferma y todo el corazón está desfallecido. Desde la
p1anta del pie hasta la cabeza no hay en él parte ilesa: herida, contusión,
llaga
viva, no curada ni vendada, ni suavizada con ungüentos.
»Vuestra
tierra es un desierto, vuestras ciudades han sido abrasadas por el fuego, los
extranjeros devoran vuestra tierra ante vuestros ojos y reina la desolación
como tras la catástrofe de Sodoma.
»La
hija de Sión ha quedado como cabaña de vida, como choza de melonar, como
ciudad asolada. Si Yahvé Sabaot no nos hubiera dejado un resto, poco faltaba
para que fuésemos como Sodoma y semejante a Gomorra.
»oíd la palabra de Yahvé, príncipes
de sodoma, prestad oído a la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra."
»"¿Qué
me importa a mí la abundancia de vuestros sacrificios?" dice Yahvé.
"Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de novillos cebados: la
sangre de los toros, corderos y machos cabríos no me es grata. Cuando entráis
para presentaros ante mí ¿quién os ha pedido que vengáis a pisar mis atrios?
Dejad de traerme vanas oblaciones. El incienso me es abominable. Yo no suporto más
las neomenias, el sábado, la asamblea sagrada, el delito con la festividad. Mi
alma detesta vuestras neomenias y vuestras solemnidades han venido a ser para mí
una carga, estoy cansado de soportarlas. Cuando extendéis vuestras manos cubro
mis ojos ante vosotros, no escucho vuestras plegarias. Vuestras manos están
llenas de sangre. Lavaos, purificaos, quitad de mi presencia la iniquidad de
vuestras acciones, dejad de hacer el mal; aprended a hacer el bien, buscad la
justicia, reprimid al violento, hacer justicia al huérfano, defended a la
viuda."
»Venid,
pleiteemos juntos, dice Yahvé. Aunque vuestros pecados sean como la escarlata
se volverán blancos como la nieve y si fueran rojos como la púrpura vendrán a
ser como la lana. Si sois dóciles y obedecéis, comeréis los bienes de la
tierra, pero si rehusáis, si sois rebeldes seréis devorados por la espada,
porque la boca de Yahvé ha hablado.
»¿Cómo,
pues, ha venido a ser una prostituta la ciudad fiel, llena de rectitud? La
justicia moraba en ella y ahora la habitan los asesinos. Tu plata se ha trocado
en escoria, tu vino se ha aguado, tus príncipes son rebeldes y cómplices de
los ladrones.»
¿Cómo
se ha convertido en una prostituta la ciudad fiel? Este tema, Jerusalén que se
ha prostituido, Judá que se ha prostituido, Israel que se ha prostituido, se
vuelve a encontrar de nuevo bajo muchas otras variantes. La prostitución es la
causa de su decadencia, de su caída. Y muy a menudo este simbolismo va acompañado
de ataques a la mujer. «¡Pueblo mío!», dice Isaías 3, «un chiquillo lo
oprime y lo dominan mujeres». Y en el mismo capítulo, en 16-25: «Yahvé ha
dicho: "Porque las hijas de sión se han ensoberbecido, porque caminan con
la cabeza erguida haciendo guiños con los ojos, andan balanceando el cuerpo y
hacen sonar las ajorcas de sus pies, el Señor herirá con sarna la cabeza de
las hijas de Sión.” El Señor desnudará sus vergüenzas. Aquel día quitará
el Señor todos sus adornos: ajorcas y redecillas, lunetas, pendientes, collares
y brazaletes, cofias y cadenitas, cinturones, pomos de olor y bolsillos, espejos
y velos, tiaras y mantillas.
“Y
en lugar de bálsamo habrá podredumbre y en lugar de cinturón una cuerda y en
lugar de cabello trenzado cabeza rapada, en lugar de vestido de lujo ceñidor de
saco, y señal de hierro candente en lugar de hermosura.2
En
32, 9-14, las palabras hirientes del profeta atacan a las mujeres indolentes:
“Mujeres
despreocupadas, levantaos, escuchad mi palabra. Dentro de un año y algunos días
templaréis, confiadas; porque no habrá ni vendimia ni cosecha. Estremeceos,
despreocupadas, temblad, confiadas, despojaos, desnudaos, ceñid vuestros lomos,
golpeaos los pechos por los campos amenos, golpeáoslos por las viñas
florecientes...”
El
profeta Jeremías, que vivió setenta y cinco años aproximadamente después de
Isaías –fue elegido profeta en el 626 y su trabajo abarca los últimos
decenios anteriores a la caída de Jerusalén y el exilio-, recoge el tema de la
prostitución de Israel y de Judá en 3, 6-10:
“Me
dijo Yavhé en el tiempo de Josías: “¿Has visto lo que ha hecho la rebelde
Israel? Ha ido a toda montaña alta y bajo todo árbol frondoso y se ha prostituído:
y yo me decía: Después de haber hecho todas estas cosas volverá a mí. Pero
no ha vuelto. Su hermana, la pórfida Judá, lo vio y vio por todos los
adulterios que había cometido la apóstata Israel la había despedido y le había
dado su libelo de repudio; pero su hermana, la pórfida Judá, no ha tenido
miedo; ha ido también ella a prostituirse. Y con la ligereza de sus
prostituciones ella profanó la tierra y cometió el adulterio con la piedra y
el leño.”
La
piedra y el leño son aquí el símbolo de las estatuas y de los altares,
levantados en las cumbres de los montes, de los ídolos adorados de los pueblos
vecinos de Palestina. En 4,4 el simbolismo es más profundo: “Circuncidaos por
Yahvé y quitad los prepucios de vuestro corazón.” La circuncisión, signo de
la alianza con Dios, para Jeremías no significa nada si no va acompañada de la
felicidad en los más profundo del corazón. En el Nuevo Testamento se encuentra
esta misma imagen en varios pasajes, como en los Hechos de los Apóstoles y en
varias Epístolas de San Pablo. Jeremías continúa este mismo tema en 9, 24-25:
“He
aquí que vienen días, oráculo de Yahvé, en que visitaré a todos los
circuncisos sólo en la carne, a Egipto y a Judá, a Edom y a los hijos de Ammón,
a Moab, a los que tienen las sienes rapadas, y habitan en el desierto, porque
todas las naciones son incircuncisas y todos los de la casa de Israel son
incircuncisos de corazón.”
Extraído
del libro “La Sexualidad en la Santa Biblia” (Ediciones 29), y del capítulo
titulado “Sobre las características sexuales esenciales en los Libros Proféticos”
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