GEBI
GRUPO EDITORIAL BITÁCORA
Publicaciones Electrónicas

¿Quieres recibir
en tu e-mail
nuestras
novedades?

VISITA A NUESTROS PATROCINADORES

Nabucodonosor II (605-592 antes de Cristo) escribió: «Yo construí Babilonia, la más hermosa de las ciudades. En los umbrales de sus puertas coloqué toros gigantescos y serpientes con pies, como todavía no había pensado ningún rey anterior a mí.» Y así fue, efectivamente. Durante su largo reinado, la ciudad floreció en una ostentación que apenas si fue sobrepasada por la misma Nínive.

El comercio de caravanas, que desde la India se extendía hasta Egipto, la convirtió en la metrópoli más rica del mundo, en una ciudad millonaria con suntuosos palacios y jardines olorosos, fastuosos templos y soberbias calles, pero sobre todo con la Torre de Babel, como la llamaban los hebreos, de la que se dice en el Génesis: «Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos y hagámonos famosos.» La «perla de Mesopotamia», no superada en esplendor y poder, destruida varias veces y vuelta a reconstruir, también era considerada como la «Babel pecadora», como ciudad de derroche y lujo, como símbolo del bienestar disipador y vicioso. ¿Poderosa metrópoli o antro maldito del vicio?

En las fértiles llanuras situadas entre el Tigris y el Eufrates apareció una de las primeras culturas de la historia universal. Los pobladores más antiguos cuya existencia se pueda demostrar históricamente fueron los sumerios, que poseían un sólido orden estatal, crearon una cultura propia e inventaron la escritura cuneiforme. Fundaron una serie de ciudades-estado, entre ellas Uruk, Ur y Lagas, en el siglo XVIII a, de C. apareció alrededor de Babilonia el estado semítico del mismo nombre, cuyo soberano más importante fue Hammurabí (1728-1696). Ya por aquel tiempo, Babilonia fue el centro espiritual del imperio, llevándolo a un alto florecimiento. Después, el pueblo sumerio fue absorbido por los semitas y en el año 1531 a. de C. los hititas arrasaron la ciudad.

Sin embargo, su cambiante destino siempre volvió a elevarse durante los siglos posteriores sobre las ruinas precedentes: así ocurrió cuando los belicosos asirios acosaron el país, cuando éste fue invadido por una nueva ola semítica, la de los arameos, y finalmente cuando el príncipe caldeo Nabopolasar (625-605 a, de C.) creó el nuevo imperio babilónico. También fue él quien comenzó la reconstrucción de la Torre de Babel.

La construcción de la torre llamada Etetnenanki debió de haber sido terminada en el año 570 a. de C. bajo el reinado de Nabucodonosor, o sea en una época en la que los judíos ya habían sido conducidos al destierro babilónico, siendo con ello testigos de este proceso. Herodoto lo describe detalladamente:

«El templo es una estructura cuadrada de 400 m de longitud lateral, con puertas de bronce. Yo lo he visto en su tiempo: posee una poderosa torre central, de 200 m en cuadro, sobre ella se eleva una segunda, sobre ésta una tercera y así sucesivamente hasta la octava torre. Se puede subir a cada una de las ocho torres por medio de una escalera de caracol exterior. A mitad del recorrido se han instalado asientos para descansar. Sobre la torre más alta se encuentra un gran templo.» Las excavaciones han confirmado esta descripción en lo esencial.

Así pues, la primera torre de Babilonia ya apareció en el III milenio a. de C.; fue destruida varias veces, pero siempre fue reconstruida. Fue destruida, junto a la ciudad de Babilonia, en el año 689 a. de C, por el rey asirio Sanherib; reconstruida en el mismo lugar por sus sucesores Assarhaddon (680-669) y Asurbanipal (668-626); reconstruida de nuevo por Nabucodonosor, después de una nueva destrucción parcial, y finalmente destruida totalmente por Jerjes en el año469 a. de C.

¿Qué maldición existía sobre ella y sobre toda la ciudad? ¿Por qué siempre caía víctima de un absurdo afán destructivo? ¿Por qué Babilonia siempre quedaba arrasada?

Es comprensible que la poderosa estructura, cuya «punta llegaba al cielo», causara una profunda impresión en los judíos contemporáneos. Por las palabras de la Biblia se puede obtener la impresión de que no se había terminado la estructura de la torre, y que un rayo había destruido la obra, de 90 m de altura, creada por la mano del hombre.

No es difícil imaginar que esto estaba fundado en el deseo de los israelitas de que cayera un castigo del cielo por la gran locura de sus constructores. Sin embargo, las excavaciones no proporcionan ningún indicio de que la construcción fuera víctima de una catástrofe natural, y por otra parte, en la Biblia se puede leer. «Y entonces bajó Yavé para ver la ciudad y la torre». En este punto se han mezclado la fe israelita en Yavé con la idea babilónica de que una de las escaleras de la torre debía servir al dios Marduk para que bajara del cielo a la tierra.

Los escritos cuneiformes también demuestran que la torre se acabó. En una inscripción de Nabucodonosor se lee: «He construido artísticamente la alta morada para Marduk, mi señor.» Y más adelante se lee: «Etemenanki está hecha sólidamente para la eternidad.» Esta eternidad duró un siglo. Jerjes destruyó definitivamente la torre.

Babilonia también cayó bajo los ataques de sus adversarios, después de un siglo de violento poderío. También se derrumbó su cultura, creada milenios antes por los sumerios. Mesopotamia se convirtió en una provincia gobernada sucesivamente por los persas, los griegos y los romanos. Babilonia ya había jugado su papel como capital. Sus habitantes fueron expulsados y sus construcciones se desmoronaron.

¿Habían pretendido realmente los babilonios construir una torre que llegara hasta el cielo para hacerse famosos? No es muy probable que fuera así.

En la zona del Indo, que se supone fue el país de origen de la más antigua cultura de Mesopotamia, se acostumbraba colocar los santuarios de las divinidades sobre colinas. En Mesopotamia, sin embargo, no había colinas. Por lo tanto, tenían que ser creadas artificialmente. Se colocaban los templos sobre grandes infraestructuras, incluso mucho antes de que fuera construida la Torre de Babel y también muchos siglos después de su derrumbamiento.

¿Representan, pues, las palabras de los profetas bíblicos algo similar a un deseo de competencia contra la poderosa ciudad extranjera y contra su dios Marduk, venerado en toda el Asia Menor?

¿Dirigían los profetas una guerra de nervios contra Babilonia? Se puede suponer que fue así.

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción parcial o total. Fotomontajes, textos e imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial Bitácora, Publicaciones Electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite autorización.
© Grupo Editorial Bitácora