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Hace diez mil años el Sahara era un vergel floreciente y fértil, más densamente poblado que la mayor parte de las demás zonas de la tierra. Pueblos de color cobrizo habían llegado procedentes del Este y grupos europeidos y négridos se habían instalado en el norte y en el sur respectivamente. Vivían de la caza y del pillaje. La zona les ofrecía todo lo que necesitaban para vivir. Después llegaron pueblos pastores procedentes de oriente, primeramente con rebaños de cabras y ovejas y después con ganado vacuno. Con sus rebaños, atravesaron los valles del macizo montañoso de Tassili.

Los hombres del Neolítico (7000 a 6000 a. de C.) que se instalaron en el Sahara no solamente eran buenos cazadores y agricultores, pescadores y artesanos, sino que también sabían expresar sus emociones artísticas. De ellos nos ha quedado una crónica en piedra: dibujos entallados y pinturas, únicos en la técnica, perfectos en el arte, asombrosos por la gran cantidad de imágenes.

Cubren por miles las rocas de amplias zonas situadas entre el Nilo y el Atlántico. Han convertido al Sahara en el más rico centro artístico prehistórico del mundo. En su primer informe sobre las imágenes de Tassili, el etnólogo alemán Leo Frobenius escribió en 1932: «Estos documentos majestuosos me han causado la mayor impresión de toda mi vida. El autor de estas líneas se siente empequeñecido y pobre en este momento en que tiene que solucionar la tarea de describir la majestuosidad que ha visto.» Los grabados de la zona montañosa de Tassili no encuentran comparación en ninguna otra parte por lo que se refiere a sus extraordinarias dimensiones: los elefantes y los rinocerontes están representados en su tamaño natural y a veces incluso mayores, las jirafas alcanzan una altura de hasta 8 m y los hombres de hasta 3,5 m.

El macizo de Tassili tiene una estructura peculiar. Está compuesto de arenisca en la que ya en épocas antiquísimas penetró el agua que la fraccionó y dispersó formándose después numerosos nichos y cuevas, de las que se han contado más de 10000, y en las que se instaló el hombre. Estas cuevas le ofrecían protección contra las inclemencias del tiempo y cobijo durante la noche.

Por las paredes de las cuevas se extienden las crónicas gráficas de toda una Edad: cazadores desnudos con arco y flechas; guerreros de cabeza redonda, adornados con cuernos y plumas y con un puñal en el cinturón; ganado camino del redil, con pelo de diversos colores y cuernos de acuerdo con cada raza, inigualables en la reproducción del movimiento, en su marcha atropellada; vacas con ubres repletas que los pastores llevan al aprisco; seres humanos de piel oscura, clara y cobriza, con estrechos taparrabos; caza mayor de rinocerontes e hipopótamos con arco y flechas; y una y otra vez pastores y ganado con cuernos adornados que permiten suponer la existencia de un culto especial, y también el Sol, que aparece como motivo decorativo. ¿Existen conexiones con el dios egipcio del Sol, Ra? ¿Con el buey Apis? ¿Existe alguna relación entre los dioses con cabeza de ave y las figuras semejantes de los monumentos de la dinastía XVIII (1200 a. de C.)?

¿Las pintaron los soldados egipcios sobre las paredes de las cuevas? ¿Acaso fueron prisioneros de guerra o participantes en alguna campaña? No podemos contestar estas preguntas.

Sin embargo, algunos milenios antes ya existió otro pueblo que creó imágenes similares a las de Tassili: los hombres de la cultura magdaliense (15000 a 11000 a. de C.), cazadores de la época glacial de finales del Paleolítico superior, que vivían en cuevas, tiendas o cabañas cuando amplias zonas de Europa estaban cubiertas todavía por el hielo.

Poseían instrumentos de pedernal, cuidadosamente elaborados, lanzas y arpones con puntas intercambiables y ropas de piel y lana. Cazaban bisontes, caballos salvajes, renos y mamuts, recolectaban plantas, pero todavía no conocían la ganadería y por lo tanto no tenían rebaños propios.

Estos hombres fueron los creadores de las pinturas rupestres existentes en las cuevas de Europa Occidental, especialmente las de la famosa cueva de Lascaux. Esta última fue descubierta en 1940 en Montignac, en el departamento francés de Dordogne, y contiene más de 1000 pinturas y grabados rupestres, fascinantes por la representación, ostentosos en el color y realistas, vistos con los ojos de los maestros prehistóricos.

El observador que desciende a la profundidad de la cueva queda asombrado. Las pinturas están protegidas por tres grandes puertas de metal contra las destructoras algas y las corrientes de aire, siendo, ventilada la cueva por un sistema eléctrico. Los toros resollantes miran desde las toscas paredes, así como bisontes velludos, caballos salvajes al galope, ciervos que huyen, avergonzadas cabras monteses. Con paso titubeante entrará el observador en la «sala de los toros». Los colores que se le ofrecen desde las paredes de la cueva, rojos de ladrillo, ocres-amarillos y negros profundos, son tan salvajes e inimitables que sentirá un escalofrío en la espalda.

¿Están estas imágenes relacionadas con un culto? ¡También aquí los toros se encuentran en primer plano! ¿Fueron las oscuras cuevas los primeros templos sobre suelo europeo? ¿Y por qué en la cueva de Lascaux no se encuentra una sola representación de un mamut, uno de los animales que componían la caza mayor de la época glacial? ¿Por qué, por el contrario, los mamuts son el punto central de las representaciones existentes en la cueva de Rouffignac?

¿Son tanto las unas como las otras conjuros destinados a la conservación de la especie animal, así como para dar suerte al cazador? ¿O qué otra explicación tienen estas pinturas rupestres?

Y, finalmente, las siguientes preguntas:

¿Existe una relación entre Europa y África, tradiciones enigmáticas que encontraron expresión en el arte de las pinturas más antiguas de la humanidad? ¿Tienen algo que ver las pinturas rupestres de Tassili y otras obras de arte emparentadas, como por ejemplo en España, Escandinavia y Carelia, con las pinturas rupestres de Lascaux y Ruffignac, de Cabrerets y Niaux en Francia, o con las suntuosas imágenes de Altamira, en la provincia española de Santander, que fueron las primeras obras de arte de esta clase descubiertas en 1879?

¿No podría ser que en los toros de Lascaux comenzara un desarrollo en línea recta, que continuara con el ganado adornado de Tassili y alcanzara finalmente su punto álgido con el culto al toro practicado por egipcios y cretenses? Únicamente la tierra puede contestar esta pregunta.

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