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¡¡¡Los científicos estiman que cerca de mil asteroides están en condiciones de cruzar la órbita terrestre!!! Aunque el susto solo duró un día, el 11 de marzo de 1998 bien pudo haber sido el advenimiento del juicio final. Un asteroide de 1.700 metros de diámetro aproximadamente, denominado 1997XF11 por su descubridor, el astrónomo James Scotti, parecía seguir un rumbo que lo llevaría a chocar contra la Tierra el 26 de octubre del 2028. Sin embargo, en las 24 horas siguientes, los científicos volvían a evaluar su información y emitían un nuevo dictamen: la enorme masa rocosa pasaría a poco más de un millón de kilómetros de la tierra, exactamente a 1.152.000 kms. (tres veces la distancia que nos separa de la luna). Las cosas volvían a la normalidad. El pánico fue el resultado de un cálculo hecho por los astrónomos que descubrieron el 1997XF11, mostrando que la trayectoria del planetoide pasaría a 57.600 kilómetros de nuestro planeta dentro de 30 años, una distancia minúscula en términos espaciales. “La posibilidad de un choque contra la Tierra es pequeña, pero tampoco se puede descartar”, apuntó el informe oficial. Otro astrónomo señaló: “Este es el asteroide más peligroso que hemos visto en cuanto a su proximidad a la Tierra”.
Fotografía que muestra al asteroide 1997XF11 DOS MILLONES DE BOMBAS ATÓMICAS Cuando los científicos volvieron a analizar la fotos del objeto, fue posible recalcular su trayectoria y afirmar que “nuestro mundo estaba fuera de peligro por el resto del siglo XXI”. El impacto de dicho objeto contra el planeta seria equivalente a 320.000 megatoneladas de dinamita, o aproximadamente dos millones de bombas de la clase detonada sobre Hiroshima. De haber chocado contra el océano, una inmensa ola de miles de metros de alto o Tsunami se abalanzaría sobre los continentes a una velocidad superior a los 1000 kms/h inundando una gran parte del mundo civilizado. La vaporización del agua del mar causaría estragos colosales en el clima mundial. De haber chocado contra la tierra, se desencadenaría toda suerte de terremotos, tormentas de fuego y devastación general, dando comienzo a un “invierno termonuclear”. De acuerdo a las predicciones, la mitad del género humano moriría a consecuencia del desastre. Tal asteroide, golpeando al planeta a miles de kilómetros por hora, podría “amenazar el futuro de la civilización moderna y, al oscurecer el cielo por un año (producto del desastre ambiental tipo “invierno nuclear”), causaría una extendida inanición al destruir las cosechas de alimentos, y directa o indirectamente aniquilaría a millones de personas”, afirmó Clark R. Chapman, experto en asteroides del Instituto de Investigación del Sudoeste en San Antonio.
El jueves 21 de mayo, Chapman asistía a una audiencia del Congreso norteamericano de un panel del Comité de Ciencias sobre el espacio y aeronáutica. En esta reunión, el experto dijo que un asteroide de una milla de ancho produciría un cráter más grande que Washington, D.C., y más hondo que 20 monumentos de la ciudad amontonados uno encima del otro. Chapman manifestó que “las probabilidades de que un asteroide golpee la Tierra el próximo año es de una entre cientos de miles de posibilidades. Aún así, dicho impacto es más probable que ocurra de que la próxima mano de póker resulte una escala real. Las probabilidades de una mano de póker de ese tipo son de aproximadamente 649.000 a uno”, recalcó.
AUN ESTAMOS A TIEMPO Con una alerta de 10 años,
“podríamos probablemente salvarnos”, dijo Chapman. “Al menos, podríamos
evacuar la superficie de la Tierra y guardar comida a fin de protegernos
de una catástrofe medioambiental global. Pero, –señaló–,
un pequeño esfuerzo está siendo puesto en marcha para encontrar
asteroides que, eventualmente, pudiesen constituir una amenaza para la
Tierra, y sólo aproximadamente un 10 por ciento de los 2.000 objetos
que están cerca del planeta se han identificado y rastreado”. El republicano y representante por California, Dana Rohrabacher, y presidente del Comité, presionó a Chapman en su declaración acerca de que un asteroide asesino pudiera impactarnos sin advertencia. “Si”, respondió Chapman. “Un asteroide de una milla de ancho podría pegarnos mañana y no sabríamos incluso que estaba viniendo”, agregó. Rohrabacher también dijo que otro comité liderado por el gran astrónomo y geólogo norteamericano –recientemente fallecido– Eugene Shoemaker, recomendó hace cinco años a la NASA que comenzara un esfuerzo sistemático por investigar, identificar y consignar todos los asteroides que pudieran constituir una amenaza real para la Tierra. El informe arrojó que un esfuerzo así costaría unos cinco millones de dólares al año, y por el momento, la agencia espacial ha hecho muy poco por responder a esa recomendación. Además, también se canceló una misión de búsqueda de asteroides por la Fuerza Aérea de los EE.UU. el año pasado, después de que el presidente Clinton se manifestara en contra del proyecto.
Sin embargo, los astrónomos esperan que el pánico en torno al 1997XF11 haga que todo el mundo tome conciencia del peligro que representa el choque de un asteroide contra la Tierra. No es el caso del presidente Clinton, quien en el año pasado eliminaba del presupuesto nacional los fondos necesarios para la detección de asteroides, con tan sólo un costo aproximado de 50 millones de dólares. Irónicamente, en la actualidad se encuentran dos películas de largometraje en las carteleras de cine acerca del tema: “Armaggedon” y “Deep Impact”, cuyas tramas desarrollan el supuesto estrellamiento de un asteroide o cometa contra nuestro planeta. El presupuesto de ambos filmes asciende a los 100 millones de dólares, y los efectos especiales “hablan” por si solos: generan un efecto visual en el espectador que hace que tome conciencia de la gravedad que entrañaría un impacto real, que superaría con creces a la ficción. Pero el temor a ese impacto siempre nos ha acompañado… en lo más profundo del inconsciente colectivo.
El primer asteroide –y que nada tenía que ver con el “cinturón
de asteroides” situado entre las órbitas de Marte y Júpiter–
fue descubierto en 1932 por el astrónomo belga Eugen Delporte, quien
lo bautizó, curiosamente "Amor". Se inauguraba así una nueva
categoría astronómica, la de los asteroides que amenazan
a la Tierra en su recorrido por el espacio. Por ahora se han encontrado
unos doscientos, pero se sospecha que esa cifra podría llegar a
los mil. Hasta 1973 nadie se había preocupado por ellos. Es a partir
de esta fecha cuando los astrónomos del Observatorio de Monte Palomar,
situado en California, comienzan a registrarlos. Diez años después,
los norteamericanos ponían en funcionamiento el Spacewatch en el
Observatorio de Kitt Peak en Arizona, EE.UU., telescopio de 90 centímetros
de diámetro, diseñado especialmente para la detección
de asteroides cercanos a la Tierra. Financiado por la NASA, constituye
hoy en día el principal instrumento de rastreo celeste. De los encuentros recientes de nuestro planeta con un asteroide, el más importante y peligroso tenía lugar en marzo de 1989, cuando el asteroide 1989 FC de 500 metros de diámetro se acercó a menos de 700.000 kms. de distancia. La Tierra se salvó “por los pelos”: planeta y asteroide pasaron por el mismo punto del espacio con una diferencia de apenas 6 horas. Si consideramos que el 1989 FC pesa cerca de 50 millones de toneladas y que viajaba en aquel momento a más de 70.000 kms/h, su impacto hubiera provocado un cráter de varios kilómetros de diámetro y una explosión equivalente o superior a la detonación de todo el arsenal nuclear mundial. Casi nada. También en 1993 y 1994, dos meteoritos entre los diez y los veinte metros de diámetro pasaban a 150.000 y 100.000 kilómetros de la tierra respectivamente. Por último, en mayo de 1996, otra colosal roca de aproximadamente 200 metros de diámetro cruzaba el espacio a 450.000 kilómetros de la Tierra, poco más de la distancia que nos separa a la Luna.
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