GEBI
GRUPO EDITORIAL BITÁCORA
Publicaciones Electrónicas

VISITA A NUESTROS PATROCINADORES

 

“El ojo hambriento”, un thriller sensorial y mordaz ambientado en la festiva Nueva Orleans  

 

Las sucesivas experiencias de Fernando Arias como reportero, guionista de audiovisuales y crítico de arte, han dejado huella en sus novelas. Creador de atmósferas inquietantes, distorsiona los géneros literarios, encauzando sus historias por caminos insospechados, con recursos emotivos y humorísticos, y atrapa la atención de los lectores desde el primer al último párrafo.

 

        El ojo hambriento es su última obra publicada. En ella, Víctor Blanco, un afamado novelista en declive, desaparece en los pantanos de Luisiana. Juan Cortés y Cortés, antiguo amigo suyo y gris empleado de un banco, viaja a Nueva Orleans, desde Valencia, para averiguar si, como parece ser, ha muerto, y si su viuda debe cobrar un sustancioso seguro. Las indagaciones e hipótesis se entrecruzan con el creciente misterio. El pulso narrativo, la sensualidad de la mítica ciudad del sur de Estados Unidos, los bien trazados personajes y la meticulosa descripción de la vida en los pantanos redondean esta original novela y nos han inducido a mantener con su autor una larga y jugosa conversación.

 

 

Bitácora: ¿Cómo definirías tu novela “El ojo hambriento”?

 

Fernando Arias: Como una novela de intriga, enmarcada en un doble viaje: a Luisiana, con sus ambientes voluptuosos y arriesgados, y al interior del protagonista, Juan Cortés y Cortés. Se trata de un ex marino que vive asfixiado por un empleo y una vida nada gratificantes, en contraste con su apellido mitológico, de conquistador. Al investigar la desaparición de su viejo amigo, el novelista Victor Blanco, cuyo nombre alude al éxito, se descubre a sí mismo y, entre atractivas mujeres, parece que comienza a respirar...

 

B: ¿Estás de acuerdo con la calificación de novela negra que aparece en la contraportada del libro o, por su complejidad, la incluirías en otro género?

 

F.A: Creo que puede considerarse negra, aunque últimamente se ha abusado del término. En El ojo..., junto con el suspense propio de la narrativa detectivesca, que he tratado de mantener en todo momento, hay una profunda negrura. Bajo las capas de pinturas coloristas, el exotismo y los aromas que he intentado reproducir, porque definen tanto a Valencia como a Nueva Orleans y sus aledaños, hay un escepticismo casi nihilista, inspirado en los comportamientos a menudo oscuros de los individuos en esta sociedad mercantilista y banal en que nos ha tocado vivir. No obstante, dentro de esa negatividad surgen rasgos y actitudes dignos o generosos, aquellos que justifican y dan sentido a la vida.

         “Creo que también es una novela de conocimiento. A través de su escritura yo he descubierto, como le sucede a Cortés y Cortés, cosas de mí mismo. Y espero que a  los lectores –algunos ya me han dicho que así ha sido- les suceda otro tanto

 

DOS VIAJES AL CORAZÓN DE N.O.

 

B: ¿Estuviste en Nueva Orleans? Y en caso afirmativo, ¿es tal como la describes, o has hecho algunas modificaciones, como hizo Walker Percy en su novela El cinéfilo?

 

F.A: Viajé allí en dos ocasiones, además de leer guías, novelas, ensayos, teatro y prensa, tanto en Valencia como en la Biblioteca municipal de Nueva Orleans. Recorrí los bajos fondos, y los altos; escuché la música de los negros, blancos, criollos y cajuns: el jazz, el blues, el zydeco. Asimismo, me interné en los pantanos de  Slidell, conversando con pescadores, cazadores, comerciantes, gentes de mal o buen vivir....Disparé varios carretes de fotografías que, junto con mis notas, me fueron muy útiles a la hora de reproducir escenarios como el Barrio Francés, en realidad de arquitectura española, el puerto a orillas del Misisipí, las grandes avenidas jalonadas por casas coloniales y enorme robles, la exuberante fronda de la ciénaga.

         “En lo que atañe a Walker Percy -descubridor de John Kennedy Toole, el autor de La conjura de los necios-, me interesó mucho. Pero acudí a las licencias que se permite en El cinéfilo sólo a la hora de describir -o inventar- el antro sin nombre en que Cortés descubre lo que fue la cara oculta de su amigo.

 

B: Los personajes y situaciones que planteas en tus novelas son absolutamente creíbles. ¿Hay en ellas una cierta carga autobiográfica?

 

F.A: Creo que casi todos los autores, incluidos los fantásticos, desde Stevenson a Bioy Casares o Borges, por acudir a unos ejemplos clásicos, reflejan su vida en sus narraciones. Una vida alimentada tanto por las experiencias interpersonales como las interiores, encabezadas por la intensidad con las que viven determinadas lecturas. En mi caso, desde los veinte años, en que recorrí Europa en auto-stop, procuré siempre vivir intensamente para dar luego verosimilitud a mis personajes.

         “Por otra parte, sigo viajando con frecuencia, y de las personas que conozco en mis viajes surge, en buena medida, el elenco que conforma cada novela.

 

B: En Pájaros de altura, en El canalla ceremonioso y en El ojo hambriento aparecen sucesivamente una bella mulata cubana. otra brasileña, y, finalmente, una tercera, mezcla de negra e india, de Nueva Orleans. ¿Esa recurrencia obedece a una especie de fijación erótica?

 

F.A: Probablemente. El tono de piel café con leche quizá sea el más sugestivo de cuantos existen, y los cuerpos mestizos, además de sus rasgos exóticos, suelen ser el reflejo de una interesante y dinamizadora mezcla de culturas. En España, por los sucesivos pueblos que nos visitaron y nos legaron su patrimonio –griegos, fenicios, romanos, árabes, visigodos, etc- tenemos una sangre mestiza. Y esa sangre se ha enriquecido notablemente en Latinoamérica, a través de las renovadas fusiones con los indios, negros y orientales. Sólo de esa mezcla podía surgir una literatura tan imaginativa y convincente como la que desde allí ha influido en autores de todo el mundo.

         “Pero acaso mis mulatas o criollas sean fruto, también, de la impresión que me produjo tempranamente la Niña Chole, el personaje de la Sonata de estío, de Valle Inclán, ambientada en México.

 

CAJAS CHINAS Y LINEALIDAD

 

B: En Pájaros de altura utilizabas una compleja técnica de collage y cajas chinas, así como un lenguaje barroquizante, para, a através de la historia de un bandido, Jacobo “el Derriñonador”, y su conversión, por medio del manuscrito de un anarquista, en una leyenda subversiva, sugerir los diferentes lenguajes de los intelectuales y el pueblo como motivo del fracaso de la revolución. ¿Por qué ahora has empleado, por el contrario, una técnica lineal y un lenguaje clásico?

 

F.A: Pájaros de altura estaba ambientada en una época en que los españoles hablábamos bien...Sin prisas...En la sierra de Alcaraz, donde el lenguaje se mantiene puro, pude registrar en un magnetófono conversaciones con octogenarios e incluso centenarios sobre los últimos bandidos. Sus voces, junto con la documentación de archivos judiciales, me llevaron a utilizar esa estructura y lenguaje barrocos.

         Ahora, en España, lamentablemente, se tiende a emplear las palabras más cortas. Al ubicar una novela en nuestro tiempo, para que los diálogos no chirríen, conviene recurrir a un vocabulario clásico. Por otra parte, después de haber incrementado los mecanismos experimentales en otra novela, de tema ecológico y esperpéntico, Diluvio de cenizas, me apetecía emplear una estructura lineal.

 

B: En tu última novela, entre las descripciones sugerentes y las peripecias constantes de los personajes, despliegas una reflexión sobre el éxito y el fracaso.

 

F.A: Los anuncios y ciertas informaciones masivas nos machacan a diario con imágenes y mensajes subliminales que provocan una equívoca idea del éxito. Frente a las propuestas interesadas que buscan exclusivamente la productividad material, pretendía señalar o recordar otros caminos u opciones. Por eso he ironizado algunos aspectos del personaje célebre y contradictorio, Víctor Blanco.

 

B: ¿Podrías decirnos cuáles son tus autores preferidos, y qué es lo que más valoras y lo que menos de la literatura actual?

 

FA: Cuando empezaba a escribir, me influyeron mucho las lecturas de Albert Camús, Sartre, Faulkner, Scott Fitgerald y John Steinbeck, además de Conrad, Melville, London y Stevenson, o Cortázar, García Márquez y Carpentier. Entre los españoles, además de los creadores de la novela picaresca, destacaría a Pío Baroja, Ramón J. Sender, Max Aub, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y Bernardo Atxaga. Entre los autores de novela policiaca, junto con Chandler, Hammet, Jim Thompson u Horace Mcoy, los europeos Boris Vian, Georges Simenon y el casi metafísico Friedrich Dürrenmatt.

         De la literatura actual, a pesar de la agilidad que proporciona el ordenador, me sorprende la rapidez de muchos autores para hacer una e incluso dos novelas voluminosas en un año... Casi siempre esa incontinencia verbal se debe a la voracidad de ciertos editores, que quieren libros gruesos y caros. Lo peor es ver cómo novelistas a los que apreciabas redactan obras a las que les sobra un tercio o la mitad de las páginas. No obstante, hay también muchos narradores que te sorprenden por su coherencia, su lucidez y su trabajo, y creo que la buena literatura no sólo sobrevivirá sino que va a más. Está también la presencia cada vez mayor de escritoras ambiciosas, entre las que últimamente me ha impresionado E. Anne Ploux.

        

B:.- El ojo hambriento obtuvo el LXII Premio de Literatura Alfons el Magnànim. ¿Qué ha supuesto el galardón para ti y que opinión tienes sobre los premios en general?

 

FA: Los premios son un mal menor. Como las oposiciones para ingresar en la Administración... Siembre hay obras interesantes que se quedan fuera, por diversos motivos: los intereses comerciales de algunas grandes editoriales, modas que afectan a los jurados, amiguismo, etc. Sin embargo, hay premios prestigiosos y otros totalmente desprestigiados, y un autor debe tener claro en que casa se mete.

“En mi caso, con El canalla ceremonioso, la primera novela en que aparece Juan Cortés y Cortés, fui finalista en el Premio Vicente Blasco Ibáñez, en 1988, y el jurado recomendó su publicación. En ese sentido, creo que al tiempo que maduraba el personaje lo hacía mi narrativa, y el Premio Alfonso el Magnánimo ha servido para facilitarme una mayor difusión y atención por parte de la crítica española.

 

B: En el diario Levante se situaba a El ojo hambriento entre las novelas de autores valencianos más vendidas en la Feria del Libro. ¿Cómo está funcionando, a nivel de lectores, al margen de ese evento?

 

FA: Levante reprodujo los datos de las encuestas que se realizan en las Ferias entre los libreros. Para mí ha sido satisfactorio que me situaran junto a narradores como Vicente Muñoz Puelles o el autor de divertidos best-sellers Ferrán Torrent, ambos traducidos a varios idiomas. Es pronto para evaluar la respuesta general de los lectores ante mi obra, pero, además de las críticas positivas, sé que El ojo... ha gustado a los distribuidores y a algunos libreros.

 

B: Como sabes, muchos de nuestros lectores son del continente americano y suponemos que les interesará conocer si allí es posible conseguir tus libros. ¿Tienes alguna noticia al respecto?

 

FA: Pájaros de altura, publicada por la barcelonesa Icaria y luego reeditada por Txalaparta, de Tafalla, en el año 2000, y Diluvio de cenizas, publicada por Editorial Fundamentos, de Madrid, en 1994, se han distribuido en varios países latinoamericanos.

 


 

         Por otra parte, Bitácora, tras consultar a sendas editoriales, se ha informado de que Pájaros de altura se puede conseguir, a través de Internet, acudiendo a Txalaparta.com, y El ojo hambriento por medio de elcorteingles.es.


Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción parcial o total. Fotomontajes, textos e imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial Bitácora, Publicaciones Electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite autorización.
© Grupo Editorial Bitácora