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VOCES DE ORIGEN DESCONOCIDO
Germán de Argumosa
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Caricatura de Germán de Argumosa aparecida en la revista Blanco y Negro el 23 de febrero de 1977 |
Este fue el primero artículo que se publico en español sobre el tema de las psicofonías, en el número trece de la revista Futuro Presente, Madrid, en noviembre de 1972
El 12 de junio de 1959, a las
cuatro de la tarde, Jürgenson, estonio residente en Suecia, pintor y productor
de cine, se va al campo para grabar el canto de los pájaros. Quiere poner banda
sonora a una película que ha realizado sobre ellos. Cuando escucha la cinta
magnetofónica, oye, sí, el gorjeo del pinzón, pero en el trasfondo del mismo
aparecen murmullos humanos con palabras sueltas que se destacan, aunque
ininteligiblemente. Así comienza la apasionante historia de las llamadas «voces
desconocidas». Jürgenson se lo comunica a un técnico en electrónica: «¿Es
posible -le pregunta- que un magnetófono recoja ondas radiofónicas?» No se le
ocurre otra explicación. La respuesta es afirmativa, pero con dos condiciones:
que el aparato esté defectuoso y que la emisora se encuentre próxima. Ninguna
de esas circunstancias se han dado. A partir de entonces, Jürgenson sigue
recogiendo extrañas grabaciones, cada vez más audibles. Al principio sólo
eran palabras aisladas; luego, frases completas. Le aconsejan que presente a los
parapsicólogos de Estocolmo las experiencias que ha realizado.
Así lo hace, pero éstos le
contestan que ha costado mucho que la parapsicología sea conceptuada una
ciencia, como hoy ya lo es. No le han creído. Jürgenson se vuelve con sus
cintas y sigue investigando hasta que una voz que se identificó como de «Lena»,
amiga de su juventud y que hacía años había muerto le pide que comunique a
través de la radio conectada al magnetófono. A partir de entonces ensaya
buscando los espacios en blanco al final de las emisiones o al cierre de éstas.
El resultado es inferior al logrado directamente, hasta que la misma voz le da
los datos técnicos precisos para mejorar las grabaciones.
Antes de las experiencias de
Jürgenson hubo antecedentes que no tuvieron eco en la ciencia oficial ni en la
prensa. El profesor de física Alex Schneider, de la Universidad de St. Gallen
(Suiza), en un magnífico trabajo, Die paranormalen Tonbandstimmen, nos advierte
de «voces paranormales empleando aparatos electrónicos» con anterioridad a Jürgenson.
En el año 1964 -señala Schneider-, New, un médico que había estudiado electrónica,
informó «sobre unas voces que incluso le contestaban mientras experimentaba
con sus aparatos amplificadores al aire libre con abejas e insectos». También
Bayless y Seala» dan «cuenta de intachables investigaciones con voces microfónicas
efectuadas en los años 1956-57». Y en 1964, Hyntzmann tuvo una experiencia
parecida a la de Jürgenson: «Al escuchar una cinta grabada con cantos de pájaros
percibió voces humanas hablando con gran rapidez. Sin embargo, escribe
Schneider, al no poder entenderlas se apartó del asunto, hasta que en 1969,
movido por la lectura del libro Unhöbares wira hörbar (Lo inaudible se hace oír),
del doctor Konstantin Raudive, sobre el fenómeno psicofónico, «le envió a éste
la grabación para un análisis auditivo», el cual reveló algunas expresiones
en los idiomas suecos, ruso, letón y alemán.
Con anterioridad a las
experiencias citadas, predijeron estas psicofonías sir Oliver Lodge, premio
Nobel de física; Marconi y Edison.
Cuando éste inventó el fonógrafo
tuvo una gran decepción. Lo que él buscaba era un dispositivo que pudiese
captar las voces del «más allá». Pero quien ha logrado fijar la atención de
científicos de todo el mundo en tan apasionante fenómeno ha sido el ya citado
doctor Konstantin Raudive, a través de una investigación tenaz, rigurosa e
inteligente durante estos últimos seis años.
Raudive es una personalidad
sumamente interesante. Nacido en Letonia -sus padres huyeron de Rusia al
estallar la revolución- vive desde hace años en Alemania occidental. Estudió
Filosofía y Psicología en las Universidades de Upsala, Edimburgo, París y
Madrid. Estuvo en España desde 1931 a 1936 y recibió el doctorado de Filosofía
de manos de Ortega, al que le unió siempre una gran amistad. También por
entonces trató muy de cerca a Unamuno, Valle Inclán y García Lorca, entre
otros. Guarda de su estancia en España tal recuerdo que emociona escucharle
cuando habla de nuestra Patria, por la admiración y el cariño con que lo hace.
Ha traducido del español al letón El Quijote y las Novelas ejemplares, como
asimismo gran parte de la obra de los escritores citados. Conoce, además, el
ruso, el inglés, el alemán, el sueco, el francés y el italiano. En todas
estas lenguas recibe grabaciones, siendo muy frecuente que una misma frase esté
construida con vocablos en esos idiomas. Ha escrito obras de gran interés filosófico,
de ensayo e históricas. Es católico y un tío suyo murió no hace mucho siendo
obispo en Letonia.
La primera grabación que
obtuvo Raudive fue experimentada con Jürgenson. Después de dos semanas sin
ningún resultado, se le ocurrió pensar en Margarete Petrautzki, fallecida hacía
poco y que había sido durante varios años secretaria de su mujer. Al escuchar
la cinta de esta sesión oyó claramente que le decían: «¿Reconoces a
Margarete, Konstantin?»; seguidamente, una voz también en alemán le informa:
«Nosotros estamos muy lejos.» Expresión que parece simbolizar, con la idea de
distancia, la gran separación existente. Tal debe ser la interpretación si nos
atenemos a una pregunta posterior suya, en la que obtuvo esta respuesta: «Somos
vuestros amigos y estamos a vuestro alrededor».
Colaborador incansable de
Raudive es el sabio físico e ingeniero electrónico, ya citado, profesor Alex
Scheneider. En él no sabe uno qué admirar más, si su profundo y extenso
saber, dentro de una sencillez cautivadora, o su honradez y objetividad científicas.
Posee gran dominio de sí mismo. Es introvertido y sumamente cauto en sus
juicios. Aunque pertenece al tipo leptosómico, yo diría que encaja más bien
en lo que podríamos llamar constitución ascética, por la impronta que el espíritu
ha dejado en su fisonomía. Es, como Raudive, un hombre bondadoso, pero con la
afectividad contenida por un resto de timidez perfectamente controlado.
Profundamente reflexivo y de fácil aunque pausada palabra, sus juicios
responden siempre a la conclusión de un proceso mental rigurosamente elaborado
hasta en sus más mínimos detalles. De religión protestante, su comprensión
es verdaderamente ecuménica. En mi última entrevista con él, en St. Gallen,
llegamos a una tan total unanimidad en cuantos temas tratamos, después de
muchas horas de conversación, que al final de mi estancia en tan acogedora
ciudad me comentó: «Si yo creyese en la reencarnación, no tendría la menor
duda de que usted y yo fuimos hermanos gemelos en algún tiempo pasado.» El
padre Leo Schmid es uno de los teólogos católicos de este grupo de
investigadores germano-suizo. Su constitución es pícnica. Pertenece al tipo
extravertido. Su sola presencia contagia alegría de vivir.
Es un hombre de vasta cultura
y profundo saber. Ha estudiado Ciencias y Biología en la Universidad de
Friburgo (Suiza). Cuando yo le visité en julio del pasado año, estaba
trabajando, en colaboración con primeras figuras internacionales, en una obra
de gran envergadura teológica. Ha publicado relevantes hagiografías y le
atraen los estudios astronómicos. Tiene un gran sentido del humor, que hace
sumamente atractiva la espiritualidad que irradia de su conversación. Siente
gran entusiasmo por cuanto realiza y el estudio de estas psicofonías llena por
completo sus horas libres. Ha recogido miles de comunicaciones que archiva en
orden perfecto, según el contenido de las mismas. La primera grabación la
obtuvo después de dos meses de largos e infructuosos ensayos. Una voz dijo
claramente: «Soy Nicolaus, tu protector; te saludo, Leo.» (San Nicolaus de Flüe
es el Patrono de Suiza.) Otro de los pioneros de este grupo es el célebre
Theodor Rudolph, ingeniero electrónico, coinventor del radar, especialista en
altas frecuencias. Es hombre más bien nervioso y trabaja incansablemente en
este fenómeno psicofónico, al que se enfrenta con intervalos de optimismo
cuando cree haber hallado un camino para la investigación y casi de desesperación
cuando ésta se le resiste.
Quisiera seguir hablando de
otras muchas personalidades científicas que se han ido sumando al estudio de
tales grabaciones, pero como sólo esto llenaría el espacio del que dispongo,
iré mencionando algunos más al correr del tema.
Como ya he dicho, ha sido
Raudive quien con su libro, publicado primero en alemán, logró la atención de
algunos científicos destacados. Pero fue a comienzos de 1971, con la edición
inglesa bajo el título Breaktbrougb (Abriendo brecha), cuando sabios de todo el
mundo se vienen interesando por sus investigaciones, dando ocasión a
declaraciones públicas como la del célebre físico Paul Keller, quien no ha
dudado en afirmar que «el descubrimiento de estas voces tiene una importancia
muy superior a todo lo conseguido en física nuclear».
Actualmente está a punto de
concluirse la traducción al español del citado libro, que publicará en fecha
próxima la Editorial ASE («Afirmación Social Española». Irá precedido de
un extenso prólogo mío y acompañado de un disco con experiencias hechas por
su autor.
A modo de apéndice se
incluirá, como en las ediciones alemana e inglesa, el extraordinario trabajo,
ya aludido, del Prof. Schneider, Die Púrúnormúlen Tonbandstimmen.
Que las cintas magnéticas se
graban con voces que directamente no se oyen es un hecho indiscutible. Tenemos,
pues, ya un dato real perfectamente comprobable. Sobre él nadie puede tener la
menor duda después de haber experimentado con los científicos que lo estudian.
Ahora bien, al físico lo que
le interesa es descubrir cómo se produce la grabación de los fonemas, con
independencia del porqué de los mismos y su contenido expresivo. Si el dato es
físicamente real, debe ser investigado como cualquier otro fenómeno
detectable. Todo el esfuerzo, pues, de los técnicos viene orientándose hacia
el esclarecimiento del tipo de energía de que se trata. En principio se pensó
que eran ondas de presión, pero después de descubrir en copias de cintas más
grabaciones que las que se encontraban en el original y de haber obtenido otras
comunicaciones sin micrófono -aunque éstas sean muy escasas-, dichas ondas se
consideraron como medio no exclusivo de tal fenómeno. Posteriormente se comprobó
que las cintas se impresionaban en jaula de «Faraday», excluyéndose así el
proceso electromagnético, y en cámara sorda e insonorizada, en la que, como su
nombre indica, no pueden penetrar las ondas de presión, confirmándose así la
posibilidad de grabaciones sin micrófono. En irreprochables experiencias
recientemente realizadas por mí en presencia de destacados técnicos en electrónica
han sido plenamente confirmados los resultados obtenidos en Alemania y en Suiza.
También las pruebas realizadas dentro de cilindros de hierro dulce con otro
metal, para desviar los campos electromagnéticos, han dado -según me dicen-
resultados igualmente positivos.
Otra cuestión física de
suma importancia es averiguar el ángulo de ataque electrónico. En el mundo
anglosajón ha sido tal el interés que han promovido estas psicofonías entre
los científicos, que la Universidad de Cambridge ha concedido una subvención
al físico David Eflis para que intente despejar esta incógnita.
Mis reservas sobre la
posibilidad de detectar dicho ángulo de ataque responden sólo a ciertas dudas
basadas en el siguiente razonamiento -dentro, claro está, de la hipótesis de
origen psíquico, sin más distinción por ahora-. Si se trata de una energía
conocida, la causa sería material y no hubiese resistido las pruebas a que en
tal sentido ha sido sometido el fenómeno, y si la causa no es material, lo que
lo produce se encuentra, por decirlo así, fuera de nuestro espacio
tridimensional y todo ángulo de ataque electrónico implica posición en el
espacio desde el cual se proyecta.
Físicamente tiene gran
importancia -y ello es evidente- «cómo» se graba, pero esto no señalará
sino el medio de operar una causa.
Confundir ésta con el efecto
(la voz grabada) sería un imperdonable error. Nunca se insistirá bastante en
que una cosa es que determinado medio sea apto y otra muy diferente el que por
ser apto sea el medio la causa. En parapsicología, este error ha paralizado y
sigue paralizando a una interpretación e investigación de más largos
alcances.
El profesor Schneider, en su
citado trabajo, expone así la primera impresión que estas comunicaciones
producen y el método utilizado por Raudive para una mejor interpretación de
las mismas.
«Quien por primera vez
escucha una cinta original grabada, difícilmente sospechará que en ella pueden
descubrirse fragmentos de frases con sentido. Suena como si se tratase de una
grabación malograda de toda una reunión grande de personas, sin que se
entienda a ninguna de las que hablan porque todos lo hacen a la vez o porque, al
menos, una fuerte barrera de ruidos impide entenderlas. Ahora bien, cuando al
escuchar una cinta así Raudive cree oír una voz paranormal, la vuelve hacia
atrás, preferente con la mano, repitiendo esta maniobra varias veces para
escuchar reiteradamente el mismo corto pasaje. Si el contenido es auténtico e
interesante, la voz se copia repetidamente en una segunda cinta. Posteriormente,
varias personas analizan las mismas en un «test».
Dado el tiempo de que
dispongo, he de prescindir de todo comentario al magistral estudio técnico de
Schneider, expuesto en páginas sucesivas a la cita que acabo de hacer. Ofreceré
sólo, pues, el resumen que él mismo hace:
1. La facticidad del fenómeno
está demostrada por las investigaciones filológicas.
2. En física no existen
leyes que lo prohíban.
3. La física tradicional,
sin embargo, hasta ahora no comprende el proceso, es decir, no ve aún ninguna
posibilidad de incorporar -al menos parte de él- dentro de su experiencia
existente.
4. Habría que calificarlo de
«laguna fenomenológica» si no se dieran también hechos extraños en el campo
de las ondas radiofónicas, ya que efectos paranormales de luz y de calor son
bastante frecuentes. Mediante el estudio de los fenómenos paranormales, el físico
espera llegar a ampliar sus conocimientos sobre la radiación electromagnética,
hasta ahora mal conocida.
5. La explicación del
proceso haría posible, además, construir aparatos receptores especiales, que
mejorarían el efecto en comparación con los aparatos convencionales hasta
ahora empleados.
6. El contenido decisivo de
las psicofonías está, sin embargo, en las metaesferas, donde quizá penetre la
intuición de algunos investigadores, pero sobre las cuales no existe ninguna
teoría científica oficial.
Es indudable que falta una
filosofía de gran alcance que sin desconectarse de la realidad, sino teniendo a
ésta muy en cuenta, se abra en sus posibilidades de captación a una nueva
imagen del mundo y del hombre. Hace muchos años que vengo trabajando en esta
dirección.
Lo primero que hay que hacer
es desmitificar lo material o, mejor aún, la materialidad. En este sentido
estoy actualmente reconsiderando mi teoría de la convergencia parapsico-parafísica,
esbozada hace veintiocho años y complementada con mi hipótesis del
inconsciente trascendental.
Las voces son masculinas y
femeninas, y varían desde la emisión aguda, casi silbante, hasta la sumamente
bronca. Antes de toda grabación se advierte previamente que se va a producir
porque, en general, hay un a modo de aviso que suele indicarse con uno de los
cinco ruidos característicos que tengo registrados y que coinciden con los
observados por los más experimentados investigadores. Al principio, dichas señales
aparecían conmigo sin excepción, pero conforme pasaba el tiempo y mi oído se
iba haciendo a estas comunicaciones, sólo de vez en cuando se vienen oyendo,
como si fuesen suspendidas en la medida en que se estiman innecesarias por el
entrenamiento del operador.
Las expresiones grabadas
suelen tener una forma especial que las distingue de las naturales. Se
caracterizan, en general, por una gran rapidez en la emisión de los fonemas y
por un ritmo ondulante, a veces casi melódico, buscando frecuentemente una
mayor suavidad fonética, aun en perjuicio de la sintaxis normal. Los disílabos
suelen aparecer partidos, es decir, pronunciados en dos tiempos.
En las expresiones se
observan a veces distorsiones, ocurriendo esto con más frecuencia en los
finales de las mismas. Cuando los así afectados son vocablos aislados, no es
raro que los mismos se repitan a continuación, rectificándose la deficiencia
fonética en forma correcta.
Al comienzo de estas
experiencias se oyen palabras disílabas, hasta llegar un momento en el que
aparecen frases completas. Es entonces cuando pueden constituirse auténticos diálogos
entre el operador y las «voces», grabándose incluso la respuesta antes de ser
formulada la pregunta, entre las primeras palabras de introducción del
investigador.
Es muy importante anotar la
perfecta correlación que siempre existe entre la forma expresiva y el tono
psicológico con el contenido que se expone. Si tales manifestaciones no fuesen
sentidas como consecuencia de vivencias auténticas, sólo podrían darse en
consumados actores.
Resulta sumamente interesante
observar las diferentes reacciones de esas voces cuando intervienen nuevas
personas en una experiencia.
Frente a algunas yo he
registrado marcada antipatía, que se manifestaba incluso en cierta violencia
expresiva. Así, por ejemplo, operando con un magistrado amigo mío, no había
forma de obtener ninguna grabación, y ante mi insistencia, después de más de
dos horas de estar intentándolo, sólo pudo escucharse, aunque muy claramente,
la palabra «¡silencio!». Animado él, no obstante, por esta comunicación,
aunque el contenido fuese tan poco esperanzador, me pidió al día siguiente que
volviésemos a ensayar. Después de bastante tiempo sin resultado alguno, una
voz femenina, en tono casi confidencial, dijo:
«Germán, tú eres diferente».
No obstante, en posteriores experiencias he conseguido que graben en presencia
suya de manera habitual.
Frecuentemente, y ello es
conocido por los principales investigadores, dan noticias del futuro, aunque no
se pregunta por él. Entre las precogniciones que tengo registradas figura una
especialmente dramática. En vísperas de uno de mis viajes a Suiza y Alemania,
relacionado con estos estudios, y en presencia de un grupo de amigos, hice una
experiencia en la que apareció, aparte de otras expresiones, la palabra «kaputt»,
seguida de «seis kaputt»; pues bien, a los pocos días, seis miembros de la
familia allegada al mozo de comedor de la casa quedaron destrozados en un
accidente de automóvil. Cierta noche, ya en St. Gallen, experimentando en la
habitación del hotel, oí claramente: «Dadas las kaputt.» Cuando regresé a
Madrid pude enterarme del tremendo suceso que se había producido con
anterioridad a esta confirmación.
También estas voces
manifiestan, en ocasiones, su clara simpatía por alguna de las personas que están
en la experiencia. Así sucedió con una señora amiga mía, que pensó que
tendría que abandonar la sesión por encontrarse su marido muy cansado. Una voz
potente, con tono autoritario, me ordenó: «¡Detenla!». Por la simple
exposición que vengo haciendo, es fácil advertir la peligrosidad del fenómeno.
Aparte de otros riesgos presumibles, los efectos psicológicos que puede
producir son múltiples. En algunas personas he constatado cierta obsesión
posterior. También el temor es posible que alcance niveles patológicos,
incluso en hombres que hayan demostrado valor en otras circunstancias. En una
comunicación que sobre estas reacciones envié al eminente psiquiatra italiano
Giuseppe Crosa, que desde hace algún tiempo viene investigando este fenómeno,
le apuntaba la posibilidad de que se produjeran en determinados sujetos de
constitución psicopatológica alucinaciones funcionales. Posteriormente se han
confirmado mis sospechas.
Frente al fenómeno hay
reacciones de todo tipo: desde la persona que acepta el dato físico y la
trascendentalidad en cuanto a su origen casi «a priori», hasta el que incluso
niega el hecho «a posteriori». No merece la pena que me detenga en quien sin
ninguna experiencia rechaza la posibilidad de la realidad de estas grabaciones y
diga, sin previo conocimiento alguno: «no creo en absoluto en ello», como si
un hecho experimental constatado pudiese ser objeto de creencia, es decir, de
fe. Otra cuestión será la de la interpretación que se dé al fenómeno.
Recientemente me decía una
señora: «Mientras yo no grabe no creeré en esto». Se trataba, evidentemente,
de una forma ingenua de solicitar una experiencia particular, intentando
conseguirlo con un ataque al amor propio, como si todo el fenómeno dependiese
de la aceptación del mismo por una determinada persona y sin preparación
alguna para juzgar en este campo.
A nosotros no nos interesa la
opinión particular, muy respetable, por otro lado, en cuestiones de la
competencia de cada cual. Lo que verdaderamente importa es el juicio de aquellos
científicos que, destacados profesionalmente, puedan aportar luz a la amplia
problemática de estas grabaciones. Todo lo demás, lejos de favorecer, lo que
hace es entorpecer la investigación con histéricas actitudes y creencias
supersticiosas.
Al llegar al final de estas
notas habrán surgido en la mente del lector un sinnúmero de preguntas. Dado el
límite normal de espacio, no me es posible entrar a fondo en la discusión de
los interrogantes que la psicofonía plantea. Ello exigiría un libro, y en él
estoy trabajando para ampliar lo que ya he dicho en las conferencias que he
pronunciado y en las que he tocado algunos puntos fundamentales.
Sólo quiero hacer constar
que quien se apresure a considerar este fenómeno como una forma nueva del
espiritismo, está dando un nombre a lo que aún los investigadores no sabemos cómo
se llama. Tenemos, sí, ahí, en nuestras cintas magnéticas, unas voces que
incluso en ocasiones se identifican como de seres que han tenido una existencia
terrena; pero lo que a nosotros verdaderamente nos interesa de modo fundamental
es, en principio, el hecho físico, al que hemos de prestarle toda la atención
que merece sin prejuicios, es decir, como debe ser buscada toda verdad.
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