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¿QUIÉN DESCUBRIÓ EL NUEVO MUNDO?
José Ferrer


Cristóbal Colón, que partió en el año 1492 para encontrar la ruta marítima occidental hacia las Indias, no se consideró a sí mismo descubridor de América. Hasta el final de su vida estuvo convencido de haberse dirigido a la India y haber desembarcado en este país. Pero tampoco fue el primero que alcanzó el continente americano por la ruta marítima.

América ha sido descubierta más de una vez. Actualmente se considera demostrado que siglos antes del memorable viaje del capitán genovés, los vikingos mantuvieron con sus naves un tráfico regular entre Groenlandia y América, aproximadamente hacia el año 990 d. de C. Los relatos en este sentido llegaron desde Noruega, la patria de los vikingos, hasta el sabio alemán Adam von Bremen, que los consignó por escrito aproximadamente en 1070. Estos informes también debieron de ser conocidos en Roma, ya que entre los primeros viajeros a América, que los vikingos llamaban Vinland (país del vino), se encontraba un «obispo de Groenlandia», nombrado en Roma.

El descubrimiento de América por los vikingos se debió probablemente a una historia criminal que comenzó con un homicidio y terminó con una huida.

Erik el Rojo fue considerado entre sus compatriotas islandeses como el autor de una venganza sangrienta. Le desterraron por tres años, lo que significaba una carencia total de derechos en la comunidad. Erik abandonó Islandia con su familia y un puñado de amigos, y navegó hacia el oeste, hacia Groenlandia. La inhospitalidad y la pobreza de esta tierra fue probablemente lo que le impulsó, a él y a sus acompañantes, a realizar viajes de descubrimiento, con la esperanza de encontrar mejores terrenos para el cultivo.

Fuera quien fuere, el mismo Erik, su hijo Leif Eriksson, Bjarni Herjulfsson, o Thorfinn Karlsefni; el caso es que uno de ellos fue el primero en pisar tierra americana, en un lugar donde crecía vid silvestre. Pudo haber sido en las costas de Massachusetts, la zona entre Boston y Nueva York, o quizás en Terranova. Los primeros vikingos no fueron los únicos en quedarse. Aparecieron colonias, pero solamente se ha conservado un edificio. En el terreno de un parque de la playa de Newport se encuentra una torre que fue considerada durante mucho tiempo como los restos de un molino de viento, hasta que en el año 1839 un investigador danés expresó por primera vez la sospecha de que podría tratarse de un edificio normando. En la actualidad existe amplia unanimidad de que así es.

En 1934, el director de un museo noruego dijo: «Se puede suponer que el camino hacia América fue descubierto en la Edad de Bronce, ya que por entonces la navegación marina se encontraba en una época de esplendor» En la Edad de Bronce, que en Europa central duró desde el año 1750 al 800 a. de C. aprox., dos importantes culturas mediterráneas penetraron en ese camino: la cretense y la fenicia. Ambos pueblos poseían poderosas flotas y eran considerados como las potencias marítimas dominantes de su tiempo, que extendieron su influencia muy hacia el oeste.

Durante mucho tiempo se ha supuesto que los cretenses se detuvieron en el estrecho de Gibraltar. Se consideraba peligroso dejar atrás este punto final del Mediterráneo, denominado después «las columnas de Hércules». Sin embargo, a lo largo de las tormentosas costas atlánticas de Europa Occidental se han descubierto recientemente perlas artificiales, iguales a las que se hacían en Egipto y que se encontraron especialmente en Creta.

Y aquí comienza una especulación cuya exactitud no se ha podido demostrar hasta ahora: ¿Se atrevieron los cretenses a navegar por el Atlántico? ¿Podría ser que algunos de ellos llegaran hasta las costas de América central, favorecídos por los vientos y las corrientes?

Este pensamiento ya no parece ir tan descaminado desde que Thor Heyerdahl demostró, en 1947 con su viaje desde Perú hasta las islas de la Polinesia, que con una balsa (de madera de balso) se puede recorrer una distancia de 7000 km. La distancia entre el estrecho de Gibraltar y América central es de unos 500 km menos.

Pero el pensamiento de una travesía del Atlántico en tiempos antiguos todavía es menos descabellado en relación con otro pueblo, los fenicios, que también fueron llamados puníos. Procedentes de Arabia, emigraron a la zona del actual Líbano en el tercer milenio a. de C., convirtiéndose allí en una gran nación comercial y marítima. Fundaron Cartago, además de otras y numerosas ciudades. Las colonias fenicias fueron surgiendo a lo largo de la costa occidental de Africa, hasta Dakar. Fenicios navegaron hasta Inglaterra, hasta el mar Báltico y el mar del Norte, donde adquirieron estaño y ámbar. La primera circunnavegación del continente negro fue una de las grandes hazañas fenicias.

A pesar de todo esto, no existen indicios claros de una presencia de los fenicios en América. Lo mismo ocurre con los griegos y los romanos. Pero en la misma América existen tantos indicios de primitivas conexiones con el mundo antiguo por parte de las culturas desaparecidas, como la de los mayas, aztecas y toltecas, que no se puede creer en desarrollos similares, independientes entre sí, y debidos únicamente a la casualidad.

Constance Irwin, una periodista y bibliotecaria americana, que se ha ocupado detalladamente de esta cuestión, cita toda una serie de paralelos: los templos-pirámide que siguen el modelo babilónico, las cámaras mortuorias y los sarcófagos que siguen el modelo egipcio, cabezas de negros esculpidas en piedra, las barbas asirias y el calzado hitita de numerosos relieves, las figuras de las urnas que son extraordinariamente similares a una esfinge egipcia o al Ra, de cabeza de ave. Entre los descubrimientos más curiosos efectuados en suelo americano, se encuentra un tesoro de monedas romanas encontrado hace pocos años en las costas venezolanas. Las monedas más modernas estaban fechadas en el año 350 d. de C.

Por último, en 1942 se descubrió un mapa marino del año 1424 que, después de rigurosas comprobaciones, resultó ser auténtico. En el mapa se representan cuatro islas en el Atlántico occidental, una de las cuales es llamada «Antilia». Se puede ver claramente que pertenecen al Nuevo Mundo. ¿Lo supo también Colón? De todos modos y según un informe de su hijo, antes de emprender su viaje, reunió intensamente datos sobre una misteriosa isla situada a gran distancia, en el Atlántico. Puede que de este modo se cierre el círculo.

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