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¡Electricidad en vez de pólvora!
Un cañón de metal ligero de 70 metros de longitud lleva numerosas
bobinas magnéticas. Si se hace pasar corriente eléctrica por la primera, el
proyectil de acero es arrastrado al interior y adquiere así determinada
velocidad. Poco antes de que llegue a la mitad de la bobina se conmuta
automáticamente la corriente a la bobina inmediata. El proyectil se aproxima
a ella con la velocidad adquirida en la primera y llega el radio de acción
de la segunda, que acelera de nuevo su movimiento. De esta forma crece el
impulso de bobina en bobina hasta que la granada sale finalmente por la boca
del cañón con la enorme velocidad de 1.800 metros aproximadamente por
segundo. La necesaria rotación se imprime al proyectil también
eléctricamente. |